Rosa Elvira Celis, es el nombre de la mujer que ha levantado todo tipo de comentarios, de condolencias, de solidaridades y de pesares. Imaginarse la escena de todas las agresiones físicas que sufrió y vivió, como lo han dado a conocer los medios, produce escalofrío. La compasión nos envuelve y vuela la imaginación en hallarse en un caso similar o verla a ella, tratando de defenderse y pedir auxilio.
Después de la muerte de esta mujer, hay mucho por hacer, como decir basta, que la indignación sea un motor de motivación a no seguir permitiendo y perpetuando actos violentos, no permitir palabras que denigran la estima personal. Y más aún tener claro que no sólo lo físico, lo que se ve, es violento, las palabras y los menosprecios no pueden seguir incrementando la violencia.
Según la Dirección de Investigación Criminal e Interpol de la Policía Nacional los índices de violencia contra las mujeres en Colombia indican cifras desesperanzadoras. En el tiempo en que usted tarda en hacer un desplazamiento promedio en la ciudad de Bogotá, por ahí de treinta a cuarenta minutos, una mujer esta siendo agredida, pero tal vez, usted llegue a su destino y cumpla una jornada laboral de ocho horas, y sus desplazamiento solo sean dos veces al día, pero quienes trabajan en transporte público, pueden dimensionar la gravedad de la situación.
Cada hora son agredidas seis mujeres en zona de conflicto armado, a nivel mundial el panorama no mejora, se estima que al menos una de cada tres mujeres ha sido golpeada, coaccionada para tener relaciones sexuales o ha padecido algún tipo de abuso contra su integridad; cada nueve minutos una mujer es violentada sexualmente. Y la violencia doméstica es uno de los principales causales de muerte en todo el continente. Que triste violencia doméstica, cuando el lugar de residencia simboliza el lugar de refugio, goce y seguridad.
Esta violencia como lo han divulgado los medios de comunicación, no distingue nivel educativo, ni clases sociales, no distingue entre hombres y mujeres, no tiene en cuenta edades, pero nos acompaña a diario, lo más triste es que mientras más violenta la muerte más cubrimiento por parte de los medios, muchas Rosas Elviras han sido asesinadas, sus muertes no han sido conocida, han pasado desapercibidas, la sevicia que les dio muerte no movió a los medios de comunicación, pero no son estos extremos los que deben de producir cambios, hay que estar alerta a la violencia, que se ve o vive a diario: Emocional, física y económica.
Tenemos los medios de evitar agresiones, según Nathaniel Branden, un reconocido psicoterapeuta, señala que una persona con sana autoestima se sabe merecedora de la felicidad, se siente capaz de alcanzar sus objetivos y se hace dueño de su destino. Sin autoestima la vida puede resultar penosa e insatisfactoria, esta es la raíz de permitir o evitar agresiones personales, debemos fortalecer y reforzar el valor propio. Después de éste punto de partida, que inicia en nosotras y nosotros, tenemos diferentes mecanismos que nos permiten hacer valer los derechos individuales.
En el caso de Bogotá son muchas las instituciones a las que se puede acudir como la Personería, las Casa de Igualdad y oportunidad, las Casa de la mujer, las Comisarias de Familia entre otas, pero no hay que olvidar otro tipos de maltratos hacia ancianos, niñas y niños y contra el mismo género masculino.
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