Hay varios testimonios contra Sigifredo López que indican una probable complicidad suya con el secuestro por las FARC de once diputados de la Asamblea del Valle, colegas suyos, que posteriormente serían asesinados a sangre fría. Hay también muchos antecedentes que apuntan en esa dirección: el pasado guerrillero de su padre, el fortín político de López, justamente en una zona de gran influencia de las FARC, y otras evidencias. El hecho de que los cotejos de voz, que también fueron aportados como posible prueba, no sean concluyentes, no exonera al ex diputado. Por mucho menos hay políticos que fueron acusados, juzgados y condenados por la Corte Suprema y por la prensa, que aquí, en Colombia, también juzga y condena o exonera. Muchos de los condenados eran culpables, sin lugar a dudas, pero otros eran simplemente uribistas, y contra los uribistas cualquier prueba, así sea evidentemente falsa o amañada, es suficiente. Si la señorita Claudia López, su computador mágico, y su grupo de reinsertados del ELN, señalan a alguien, ya está todo listo: para la cárcel el cristiano.
¿Todo esto, incluido lo acontecido con Sigifredo, está bien? ¿Debe estar preso, antes de su juicio, Sigifredo? ¡No! La cárcel, así sea domiciliaria, debe ser para los condenados. Sólo se justifica la cárcel, antes del juicio, si el acusado en libertad es extremadamente peligroso o si puede escapar. Pero en Colombia, si el acusado es dejado en libertad mientras se sigue el proceso en su contra, la Prensa, si no es afecta al reo, grita: ¡impunidad! Por eso tienen razón quienes huyen al exterior al primer indicio de un proceso. Para asegurar a un acusado están las fianzas y otras garantías como la pignoración de propiedades. ¿Sigifredo va a matar a alguien si está libre? Probablemente no. En su caso, tal vez por ser de izquierda, le dieron la casa por cárcel. Eso no está mal; es preferible a la cárcel. ¿Por qué entonces está preso, no en su casa, el ex ministro Andrés Felipe Arias? Su delito, si lo hubiere, sería mucho menos grave que los que se endilgan a Sigifredo. En otro país, uno civilizado como Estados Unidos, ni uno ni otro estarían presos. Estarían en libertad bajo fianza, mientras se adelantan, lentamente, los procesos.
Otro aspecto de este espectáculo es que está en un proceso Sigifredo, pero otros, como Piedad Córdoba o Guillermo Alfonso Jaramillo, mucho más importantes, e implicados por testigos y otras pruebas como afectos a las FARC, andan sueltos y sin problemas. ¿La “Farcpolítica” se va a limitar a Sigifredo? ¿Hasta cuándo vamos a ver a la locuaz Teodora hablando en todas partes y de presentadora de un programa de Telesur? Pronto sabremos si tenemos un Fiscal digno, o si seguimos en las mismas.
Miguel Posada
Verdad Colombia
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