El concepto de cultura ciudadana se puede definir como : el conjunto de valores, actitudes, comportamientos y reglas mínimas compartidas que generan sentido de pertenencia, impulsan el progreso, facilitan la convivencia y conducen al respeto del patrimonio común y al reconocimiento de los derechos y deberes ciudadanos.
El lenguaje construye mundo, esto quedó en evidencia hace unos años en Bogotá, cuando un exalcalde que se vestía en ocasiones de Súper –cívico, implementó una nueva forma de comunicación simbólica, llevando a la ciudadanía a una autorregulación, hoy recordamos Antanas Mockus como el Alcalde que promovió la cultura ciudadana.
La ciudad en ese entonces se convirtió en escenario de mimos, que a través de tarjetas de colores -roja, verde, amarillas- públicamente rechazaban o aprobaban el cumplimiento o incumplimiento de las normas ciudadanas. Se capacitó algunos taxistas para ser “Caballero de la cebra”, esto consistía en un pacto que el taxista había firmado con sus pasajeros, donde se comprometían a saludar, concertaban la ruta, cobraban lo marcado por el taxímetro, de esta manera, la ciudadanía poco a poco fue adoptando la filosofía Mockusiana simbolizada a través de una calcomanía y la Cebra que colgaba en el espejo retrovisor. A estos taxistas se les veía de manera diferente y sin duda, estos caballeros eran los preferidos para la movilización.
Así pitos, zanahorias para señala la hora, globos en vez de pólvora, disfraces de burro, elefante y ratas simbolizaban acuerdos ciudadanos, se dinamizó una nueva forma de convivencia urbana. Tengo que confesar con gran nostalgia que añoro esa época donde los símbolos se constituyeron en lenguaje práctico, y donde por no ser señalados en público adoptamos nuevas formas de existencia individual y colectiva.
Hoy me rasgas las vestiduras ver ancianos de pie en el transporte colectivo, jóvenes ávidos de vida haciéndose los dormidos, asientos azules ocupados por quien no corresponde, gente tosiendo o estornudando en la cara del otro, daltónicos en los semáforos, ventanas que arrojan basuras, pitos ensordecedores, fracciones de infracciones peatonales y automovilísticas, agresividad en el uso diario de la ciudad. Y recuerdo a un filósofo griego, Sófocles, que dijo: “La ciudad es la gente”.
Ohh que duro, si la ciudad es la gente, quiere decir que tengo gran responsabilidad en la construcción de la ciudad que quiero vivir, particularmente sé que quiero vivir en una ciudad amable. Por esto, no puedo ignorar que la ciudad es un espacio heterogéneo habitado por múltiples formas de pensar, diversas creencias, posturas morales, pasiones, ideologías y gustos, que su construcción requiere de mí tolerancia, respeto, solidaridad, apego, pertenencia, inclusión y una buena dosis de humanismo. De esta manera, reconozco que el cambio está en mí, si me quedó mirando al otro, tal vez, nunca viva en una ciudad amable pero si en una ciudad hostil, intolerante y rencorosa.
Condecoración Fernando Pava Por El Senador José Darío Salazar See details
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