El informe “Estado de las ciudades de América Latina” del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat), dice que el 80% de la población en América Latina, vive en áreas urbanas. Bogotá es reflejo del informe y congrega a todas las regiones del país, a extranjeros, e implica una mezcla multicultural.
Esta alta densidad de población, ocasiona trancones, generan áreas segregadas, es decir aisladas de las centralidades (centros educativos, administrativos, hospitales, mercados, etc), hace que las calles queden pequeñas para la circulación peatonal y vehicular, generan más basuras, demanda más consumo de energía y hace que cada cultura nacional (regional) e internacional se encuentre o desencuentre.
Hoy, esta ciudad se encuentra fragmentada por regionalismo, y por rascismo. Algunas localidades se han vuelto bombas de tiempo, donde la injusticia social es agudizada por la intolerancia de sus habitantes.
Es triste no reconocer nuestro pasado, el maltrato que sufrieron los afros descendientes, la gran resistencia que mantuvieron los cimarrones. Con gran coraje, pese a cualquier maltrato inhumano conservaron sus costumbres, sus creencias, y rompieron cadenas que hoy nos permite ser libre. Aún hoy, los Palanqueros conservan su lengua criolla.Esto me hace reconocer mi raíz,no soy morena, soy orgullosamente negra, pero aún más, siento admiración y respeto por mis antepasados.
Pero hoy, aterrizo en Bogotá en la localidad de Suba, en el barrio el Rincón y encuentro que la discriminación por el color del piel aún existe, para mí es sorprendente, pues pensé que esto lo contaban los libros de historia, algunas novelas entre ellas las brasileras como la Esclava Isaura, alguna película como el Color púrpura, alguna canción como Rebelión, pero hoy, luego de años de evolución social, encontrar que en este barrio se encuentran carteles que se leen así: “Se arrienda apartamento pero NO a negros” me parece inaudito y un mal sueño del que quiero despertar.
Quién no se va a ofender ante este anuncio, esto, como es obvio, ha generado serios problemas, en el que han tenido que intervenir FEDEAFROSUBA, jueces de paz y ASOJUNTAS, pero esto no es más que un caso, de los que se vive diariamente en cualquier lugar de la ciudad, ese racismo oculto, tácito, que nos lleva a creer que somos más que otros, que podemos señalar e irrespetar y que el color de piel nos hace diferentes.
Sólo me queda pensar que conocer el pasado me hace entender y ser comprensible con el presente. Todos los seres humanos tenemos riquezas, no las materiales sino esas adquiridas a lo largo de la vida, las que permanecen en la memoria, las que transmitimos, las que se nos vuelven costumbre, las que nos identifican, como las que se ven en una pista de baile con un gran tumbao.
Nací en esta ciudad y reconozco el conflicto del país, la inequidad social, el desplazamiento forzado, por eso sé, que Bogotá es epicentro de múltiples culturas, de distintas formas de pensar, de habitar, de creer.Sólo la tolerancia que aplique a mi diario vivir hará que mi ciudadsea amable y armónica, sea una ciudad humana que brinde a propios y extraños bien-estar.
Por: Olga Vásquez
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